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Poema · Del catálogo de Margen

Lápiz gastado

Era largo como una tarde de domingo y olía a cedro. Lo afilamos tantas veces que ahora cabe entre dos dedos: escribió números de teléfono, una suma mal hecha, el nombre de alguien que ya no llama.

Cada palabra le costó madera. Por eso escribe cada vez más bajo, más cerca de la mano, como quien ya solo dice lo imprescindible.

Un día no habrá lápiz: solo la última palabra, sujeta entre dos dedos, negándose a soltarla.