
PARTE DE SESIÓN 14/B — Órgano de la colegiata de Santa Práxedes de Valmorisco, construido en 1742. Muestreo integral para el Registro de Instrumentos Retirados. Técnica responsable: Amparo Belaunde, ingeniera de sonido. Presentes: Honorato Lecea, organista titular desde 1975; Casimiro Belaustegui, apoderado del obispado. Advertencia legal impresa en la cabecera del parte: una vez inscrita la muestra que se certifique en esta sesión, el órgano puede desmontarse y la muestra lo sustituye a todos los efectos.
06:40. Abro con la llave que me dejaron anoche. Catorce grados dentro, siete fuera. Dejo los micros colocados y la sala cerrada dos horas para que la madera deje de moverse.
08:55. Honorato Lecea sube al banco. Tiene ochenta y cinco años y lleva cincuenta y uno tocando este órgano. Me pide que no grabe los primeros veinte minutos porque, dice, el instrumento tarda eso en estar.
09:20. Primera toma útil. Flautado de ocho pies, el registro que da la nota tal cual, escala completa, nota a nota, tres segundos por nota y cuatro de cola.
09:34. Toma 11 descartada. En el fa de la segunda octava el afinador del micro me da 339 hercios y debería dar 349. Son cincuenta cents por debajo: un cuarto de tono, redondo.
09:36. Repito. El mismo fa, el mismo valor, y el resto del registro está dentro de dos cents: la deriva térmica queda descartada.
09:41. Se lo digo a Honorato. Me contesta sin levantar la vista del teclado:
—Ese es el tercero de la fila. Se lo llevó por delante el yeso que cayó sobre el coro en septiembre de 1911 y lo rehicieron aquel otoño. Suena bajo desde entonces.
—¿Y usted lo toca igual?
—Yo no lo toco. En ese fa subo al de arriba y bajo la mano izquierda. Me lo enseñó don Julián Abaigar, que era el organista cuando yo tenía catorce años, y a él se lo enseñó el hombre que soldó el tubo. En esta casa ese fa no se ha tocado en ciento quince años.
Lo apunto porque cambia la sesión: estoy grabando un órgano con un agujero que dos organistas seguidos han aprendido a rodear, y eso va a quedar dentro de la muestra.
10:05. Casimiro Belaustegui pide ver el parte. Lee la línea del fa y me plantea por escrito lo siguiente, que transcribo literal:
«El convenio exige fidelidad al instrumento en su estado actual. Un tubo que se rompió en una obra de 1911 es una avería, y el convenio me obliga a certificar un instrumento en buen estado. Si certificamos la muestra con el defecto dentro, las nueve parroquias que van a comprar esta muestra para sus propios desmontajes heredan un fa roto que nunca fue suyo.»
10:12. Le contesto que lo que pide es grabar un instrumento que hoy no existe.
10:14. Me propone una salida técnica: afinar el tubo esta misma mañana —el organero tarda cuarenta minutos—, grabar el fa correcto, y devolverlo después a su estado para no tocar el bien protegido. El órgano se queda como está y la muestra sale limpia.
10:15. Honorato oye la propuesta y baja del banco. Es la primera vez en la mañana que no habla desde el teclado.
—Si afinan ese fa, el que suena mal es el de al lado.
—¿Por qué?
—Porque está hecho para esto. Pregunte usted a don Rodrigo.
10:31. Llamo a don Rodrigo Mazariegos, organero de la comarca, sesenta y dos años, que lleva el taller que su familia abrió en 1894.
10:45. Llega con una caja de herramientas y una carpeta. Lo primero que dice, antes de mirar nada, es que afinar un tubo para una grabación y devolverlo luego a su sitio le parece una manera de mentir dos veces.
11:05. Dentro de la caja del secreto, el cajón de madera que reparte el aire a los tubos, pegada con cola de conejo a la cara interior del tablón y protegida por un listón, hay una nota manuscrita en tinta, fechada el 2 de noviembre de 1911 y firmada por Fructuoso Mazariegos, bisabuelo de don Rodrigo. La fotografío y la transcribo entera:
«Rehecho el tubo tercero del flautado, fa. Se baja de propósito un cuarto de tono por orden del cabildo y con mi acuerdo. El fa justo pone a cantar la bóveda y en septiembre cayó yeso sobre el coro por dos veces. Medido con diapasón y con el oído de cuatro hombres. Queda advertido quien venga.»
11:15. Don Rodrigo abre la carpeta del taller y busca el asiento de 1911. Está en el libro tercero, con la letra de su bisabuelo y con el precio: catorce pesetas por el tubo y seis por la soldadura. Me enseña también cómo se baja un tubo de flautado sin cambiarle el cuerpo, que es lo que se hizo entonces: se le alarga la boca por arriba con una lengua de estaño, soldada a mano, y el tubo pasa a sonar más grave sin que se le note nada por fuera. Lo mide con el calibre delante de mí. La lengua sigue ahí, tiene catorce milímetros y está soldada con el mismo estaño del resto de la fila.
11:20. Comprobación. El mismo fa existe afinado en otro registro de la casa, así que le pido a Honorato ese, sostenido doce segundos. A los nueve segundos el micro de la bóveda empieza a subir y en el segundo once está ocho decibelios por encima del resto de la toma, con el pico limpio en la misma frecuencia de la nota. La piedra responde, y está en el fichero: se puede ver el pico y se puede medir.
11:24. Repito con el fa bajo de 1911. El micro de la bóveda no se mueve.
11:30. Queda dicho en el parte lo que significa eso. El tubo no está roto. En 1911 un organero y un cabildo midieron que esta nave devuelve esa nota exacta amplificada, y bajaron el tubo cincuenta cents para salir de la resonancia. Lleva ciento quince años cumpliendo el trabajo para el que lo rehicieron.
11:35. Casimiro Belaustegui pide que conste su posición y se la copio: acepta la nota de 1911, pero sostiene que el hallazgo refuerza su petición, porque las nueve parroquias compradoras no tienen esta bóveda y el fa bajo, en sus naves, será un fa bajo y nada más.
11:40. Esto es lo que decido, con la firma que me da el convenio y la responsabilidad que lleva detrás.
Decisión 1. La muestra certificada se graba con el instrumento tal como está hoy, fa incluido. Es lo que dice el convenio y es lo único que puedo defender dentro de diez años.
Decisión 2. La nota de 1911 se digitaliza y se adjunta a la muestra como documento de origen, con la medición de las 11:20 y las dos tomas de la bóveda. Quien compre esta muestra va a abrir el fichero y va a encontrar, antes de la primera nota, por qué ese fa suena así y qué pasa si lo corrige.
Decisión 3. Se graba también, en una pista aparte y rotulada como reconstrucción, el fa afinado. No entra en la certificación. Entra para que una parroquia que no tenga bóveda de piedra pueda usarlo sabiendo que lo usa.
11:52. Se lo leo a Honorato antes de cerrar el parte y me pide una cosa más, que concedo y que anoto: grabar, al final de todo, el fa bajo tocado por él, él solo, con la digitación de don Julián, la que sube al de arriba y baja la mano izquierda.
12:06. Toma 51, última. Dura cuarenta y un segundos. La dejo entera y sin editar al final del fichero, detrás de los dos segundos de cortesía, y la rotulo con su nombre, su oficio y los cincuenta y un años.
12:15. Cierro la sesión. Cincuenta y una tomas, catorce registros, un documento de 1911 y dos pistas del mismo fa. Mañana vienen a desmontar los tubos y a numerarlos uno por uno, y el órgano de la colegiata de Santa Práxedes de Valmorisco pasará a ser este fichero. Entrego el parte firmado a las 12:20 y me llevo copia.