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Curiosidad · Del catálogo de Margen

Cavaron 12.262 metros y no llegaron al 0,2 % del centro

El 24 de mayo de 1970, en la península de Kola, al norte del Círculo Polar Ártico, un equipo soviético encendió una torre de perforación con un objetivo redondo: quince mil metros.

Diecinueve años después, el ramal bautizado SG-3 se paró en 12.262 metros. Sigue siendo el punto más profundo al que ha llegado una máquina hecha por personas. La cifra impresiona hasta que se pone al lado de la otra: el radio de la Tierra son 6.371 kilómetros, así que doce son el 0,19 % del camino al centro. Ni siquiera atravesaron la corteza continental, que ahí mide unos treinta kilómetros: se quedaron en un tercio.

Y el pozo es una aguja: abajo mide unos 23 centímetros de diámetro, poco más que el ancho de un folio, y bajar una herramienta al fondo costaba un día entero.

Lo que encontraron desmontó el guion. Los geólogos esperaban basalto hacia los siete kilómetros y apareció granito agrietado, empapado de agua que no venía de la superficie. A seis kilómetros salieron fósiles microscópicos de plancton, veinticuatro especies, enteros. Y la temperatura, que según los cálculos debía rondar los 100 °C, era de 180 °C.

Esa fue la razón del final. A 180 grados la roca deja de romperse y fluye como plastilina: la broca gira y no muerde. Pararon en 1992. Hoy el agujero más profundo del planeta está tapado con una placa de metal soldada del tamaño de una alcantarilla.