
El esqueleto que sostiene tu cuerpo no es una estructura fija y muerta: es tejido vivo que se derriba y se reconstruye sin parar. Se calcula que un adulto renueva por completo su esqueleto aproximadamente cada diez años.
Dentro del hueso trabajan dos equipos opuestos: unas células retiran hueso viejo y otras depositan hueso nuevo. Ese vaivén repara microfracturas, ajusta la forma al esfuerzo y libera minerales cuando el cuerpo los necesita.
Por eso el ejercicio de carga fortalece los huesos y la falta de movimiento los debilita: el esqueleto se adapta a lo que le pides. En cierto sentido, tus huesos son un edificio en obras permanente.
Fuente: Institutos Nacionales de Salud de EE. UU. (NIH)