
'Voy a hacer más deporte.' 'Voy a comer mejor.' Los buenos propósitos fracasan porque son vagos: no le dicen a tu cerebro cuándo ni dónde actuar.
El psicólogo Peter Gollwitzer descubrió un remedio asombrosamente simple: convertir la intención en un plan con forma de 'si… entonces'. En lugar de 'haré ejercicio', escribes 'si es lunes, miércoles o viernes a las ocho, salgo a correr'. Al fijar el momento y el lugar, creas un disparador automático: cuando llega la situación, la acción se activa casi sola.
En un estudio clásico, quienes anotaron exactamente cuándo y dónde harían ejercicio lo cumplieron más del doble que quienes solo tenían buena voluntad. Y la técnica funciona para estudiar, tomar la medicación o incluso reciclar.
Así que no te propongas ser mejor. Decide de antemano el cuándo y el dónde, y deja que la situación tire de ti.