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Por capítulos · El último faro · Del catálogo de Margen

El cuaderno

El cuaderno hablaba de una noche que Una no recordaba haber vivido y, sin embargo, había escrito de su puño y letra.

Contaba que, hacía nueve inviernos, un hombre subió al faro a refugiarse de una tormenta. Que ella, más joven, apagó la luz una sola hora para que él no tuviera que marcharse al amanecer. Y que en esa hora a oscuras, un pesquero llamado Aurora buscó el faro en la negrura, no lo encontró, y se abrió contra las rocas del sur.

Doce nombres. El cuaderno los listaba todos. Debajo, una frase que Una leyó tres veces sin entenderla y a la cuarta entendió demasiado bien: «Él vuelve cada año, con la marea alta, a pedirme la misma hora de oscuridad. Cada año le digo que no. Y cada año se lleva a uno conmigo en la memoria».

Levantó la vista. Al otro lado del cristal, entre la lluvia, dos luces de posición cabeceaban acercándose a la costa. Un barco. De verdad. Ahora. Y venía directo hacia las rocas del sur.