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Curiosidad · Del catálogo de Margen

Tres frutos de hace 31.800 años dieron flores en un tiesto

Svetlana Yashina, bióloga del Instituto de Biofísica Celular de Pushchino, a unos cien kilómetros de Moscú, tiene en un invernadero unas plantas que florecen cada año y que vinieron de tres frutos que una ardilla guardó hace 31.800 años. Los frutos llegaron congelados y enteros. De sus semillas brotó alguna raíz y ahí se paró: ninguna llegó a planta.

Los frutos estaban en la cuenca baja del Kolimá, en el nordeste de Siberia, a 38 metros de profundidad, dentro de la despensa de invierno de un animal que no volvió a buscarla. Ahí abajo el permafrost —el suelo que no se descongela nunca— conserva madrigueras fósiles de ardilla de tierra ártica, un roedor que llena su nido de semillas y frutos antes de que llegue el frío. El sedimento se cerró sobre aquella madriguera y no se volvió a abrir; hoy ese suelo está a siete grados bajo cero de media.

La datación por carbono 14 con acelerador, que mide la edad contando átomos de uno en uno, dio 31.800 años, con un margen de 300. Para situar el número: cuando esa ardilla tapó su nido faltaban todavía unos 20.000 años para la primera cosecha de trigo.

Las plantas son de Silene stenophylla, una especie pequeña y blanca de la familia del clavel que sigue creciendo hoy en la tundra siberiana. Yashina probó a sembrar aquellas semillas de treinta y un mil años y se quedó a medias: algunas sacaron una raíz diminuta y después el embrión, dañado, dejó de tirar.

Lo que funcionó fue otra parte del fruto. Dentro de un fruto, la placenta es la pared interior donde las semillas van agarradas, y en los tres que la ardilla había guardado todavía verdes ese tejido estaba intacto. Yashina lo puso en un medio de cultivo con azúcares, vitaminas y hormonas de crecimiento. De ahí salieron brotes, luego raíces propias y luego plantas enteras que se pudieron pasar a tiestos. Florecieron en el segundo año.

Las polinizó a mano, con polen de las otras plantas antiguas, y obtuvo semillas nuevas que germinaron todas. El trabajo se publicó en 2012 en las actas de la Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos.

El récord vegetal sigue en pie: ninguna otra planta ha vuelto a crecer desde tan atrás. El de los animales, en cambio, ya cayó, y cayó en el mismo río. En 2023 un equipo sacó del permafrost del Kolimá, a 40 metros y de otra madriguera de ardilla, dos nematodos, que son gusanos microscópicos de suelo, con una datación de unos 46.000 años. Se despertaron en el laboratorio y se pusieron a tener descendencia; la especie resultó ser nueva y la llamaron Panagrolaimus kolymaensis.

El equipo cultivó al lado plantas modernas de la misma especie, recogidas en la misma región, y no son iguales: la del Pleistoceno crece y echa capullos de otra manera, y el artículo la trata directamente como un fenotipo distinto del actual. Entre una y otra está el último máximo glacial entero, el frío más duro de los últimos 100.000 años.

El récord vegetal, mientras nadie abra una madriguera más honda, está en 31.800 años. Lo puso una ardilla que se murió con la despensa llena.