
En una esquina del cielo naranja de El grito, la versión de 1893 que cuelga en el Museo Nacional de Noruega, hay una frase minúscula escrita a lápiz: «Solo puede haberlo pintado un loco».
Durante más de un siglo se discutió si era el insulto de un vándalo o algo más raro. En 2021, el museo analizó la inscripción con luz infrarroja, comparó la caligrafía con cartas y diarios, y dio el veredicto: la escribió el propio Edvard Munch.
La explicación más aceptada: en 1895, en un debate público sobre el cuadro, un estudiante de medicina sugirió que su autor no estaba en su sano juicio. A Munch, marcado por la enfermedad mental de su familia, aquello le dolió durante años. En algún momento volvió al cuadro y respondió con lápiz, en el propio cielo.
El cuadro más angustiado de la historia lleva incorporada la reseña de su autor.