Curiosidad · Del catálogo de Margen
Los Juegos Olímpicos daban medallas de pintura

A Pierre de Coubertin, fundador de los Juegos modernos, no le bastaba el músculo: quería también a las musas. Por eso, desde Estocolmo 1912 hasta Londres 1948, los Juegos incluyeron el «Pentatlón de las Musas»: competiciones de arquitectura, escultura, pintura, literatura y música, con jurado, podio y las mismas medallas que los atletas. Única condición: la obra debía estar inspirada en el deporte.
En 1912, el oro de literatura fue para una «Oda al deporte» firmada por Georges Hohrod y Martin Eschbach, dos autores de los que nadie había oído hablar. Normal: no existían. Eran seudónimos del propio Coubertin, que se presentó a su propio concurso y se colgó su propia medalla.
Las artes salieron del programa después de 1948 por un tecnicismo: el reglamento exigía deportistas amateurs, y los artistas vivían de su obra, así que eran profesionales. Sus 151 medallas no cuentan en el medallero oficial. Una lástima, sobre todo para el grabador británico John Copley, plata en 1948 con 73 años: sería, todavía hoy, el medallista olímpico más viejo de la historia.