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Microrrelato · Del catálogo de Margen

La última función

El viejo cine del pueblo cerró hace veinte años, pero los martes, a las ocho, las luces de la marquesina vuelven a encenderse solas.

Nadie entra ni sale. Una noche me acerqué y pegué la cara al cristal de la taquilla. Dentro, una sala llena aplaudía una película que yo no llegaba a oír.

En la última fila había un asiento vacío, con mi nombre escrito en el respaldo.