
Un fondo de emergencia no da rentabilidad, no presume en ninguna conversación y aun así sostiene todo lo demás: es lo que impide que una avería de 600 € o dos meses sin trabajo se conviertan en una deuda cara que arrastras durante años.
La pauta habitual es reunir entre tres y seis meses de tus gastos básicos —no de tu sueldo— y guardarlos en una cuenta separada, aburrida y disponible. Si tus gastos esenciales son 900 €, hablamos de entre 2.700 y 5.400 €. No se invierte: su trabajo no es crecer, es estar.
Lo que compra ese dinero no son cosas, es posición: decir no a un mal empleo, asumir un imprevisto sin tarjeta de crédito cara, decidir sin pánico. La calma también se ahorra, y esta es su cuenta.