
Las nutrias marinas se pasan casi toda la vida flotando de espaldas en el mar, y eso trae un problema: mientras duermen, las corrientes podrían llevárselas cada una por su lado. Su solución es de las que enamoran: se agarran de las patas y duermen cogidas de la mano, a veces en grupos de decenas formando balsas. Muchas se enrollan además en algas para quedar ancladas.
Por si fuera poco, son una de las pocas especies que usan herramientas. Para abrir almejas y erizos, se colocan una piedra sobre el pecho y golpean la concha contra ella una y otra vez, como en un yunque.
Y tienen su piedra favorita: la guardan en un pliegue de piel suelta bajo la axila y la llevan de un sitio a otro. Cariñosas, mañosas y con bolsillo propio.