Curiosidad · Del catálogo de Margen
Holanda firmó la paz con las Sorlingas 335 años tarde

30 de marzo de 1651
Maarten Tromp, almirante de las Provincias Unidas de los Países Bajos, llegó a las islas Sorlingas, un archipiélago inglés frente a Cornualles, a reclamar los daños que los barcos realistas refugiados allí llevaban años haciéndole al comercio neerlandés. No obtuvo respuesta satisfactoria y, según la comisión que traía, declaró la guerra a las islas. En junio los realistas se rindieron, pero no a él: a la flota parlamentaria de Robert Blake. La escuadra neerlandesa se marchó sin haber disparado un cañonazo.
1654
Las Provincias Unidas firmaron con Inglaterra la paz general que cerró la primera guerra anglo-neerlandesa. El acuerdo no mencionó a las Sorlingas. Nadie pareció echarlas de menos: no había tropas enfrentadas, ni prisioneros que canjear, ni un palmo de terreno que devolver. Y ahí se quedó la cosa, escrita, tres siglos.
1985
Roy Duncan, historiador y presidente del consejo local de las Sorlingas, se cansó de contarles a los turistas una leyenda que nadie había comprobado y escribió a la embajada neerlandesa en Londres preguntando si era verdad. En la embajada revisaron los antecedentes y contestaron que sí: no constaba ninguna paz. Después de tres siglos y pico, el siguiente movimiento militar de aquella guerra consistió en pedir una carpeta al archivo.
17 de abril de 1986
Jonkheer Rein Huydecoper, embajador de los Países Bajos en el Reino Unido, viajó a St Mary’s, la isla mayor del archipiélago, y firmó la paz con Duncan delante de los vecinos y de la prensa. Entre la declaración y la firma habían pasado trescientos treinta y cinco años sin un disparo, sin una baja y sin un palmo de terreno ocupado: la guerra más larga de la que se tiene noticia.
Conviene decir que hay historiadores que discuten que aquello fuera una guerra, y dudan de que Tromp tuviera autoridad para declarársela a un puñado de islas. O sea que el récord es discutible. Lo que no discute nadie es lo que dijo el embajador aquel día, cuando le preguntaron cómo habrían vivido los isleños tres siglos y medio de conflicto:
—Debe de haber sido terrible saber que podíamos atacar en cualquier momento.