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Microrrelato · Del catálogo de Margen

El hijo digital echa de menos a un padre vivo

—El hijo digital de la señora Casals se ha puesto a echar de menos a un padre vivo, Iker.

—¿Qué?

—Lleva seis meses funcionando. Ella pagó por tres años. Empezó ayer.

—¿El padre está vivo?

—Y no vive con ella desde hace once años. El hijo original murió en enero.

—Ah.

—Podemos podarlo. La póliza incluye una poda al año.

—¿Y se arregla?

—Vuelve en dos meses. No copiamos al hijo, Iker: le crece uno distinto encima. Al del 34 le ha salido con el padre. A la de arriba, con gritos.

—¿Le decimos eso?

—Le dices que se ha detectado una desviación afectiva, que su póliza cubre una intervención al año y que se pase el martes.

—¿Y que le volverá a pasar?

—No. Aprenden solos, al segundo o al tercero.

—Y si el chico se niega a la poda.

—Firmó ella. El chico no firma nada. No tiene manos.

—Nora.

—Qué.

—Cuando vino mi hermano, después del accidente, ¿tú le podaste algo?

—Coge el teléfono.