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Curiosidad · Del catálogo de Margen

Tu corazón late sin pedirle permiso al cerebro

Casi todos tus músculos esperan una orden del cerebro para moverse. El corazón, no. Lleva incorporado su propio generador de ritmo: un grupito de células, el nódulo sinusal, que dispara un impulso eléctrico por sí solo, una y otra vez.

Ese chispazo se propaga por el músculo cardíaco y provoca el latido. El cerebro puede acelerarlo o frenarlo según corras o descanses, pero no lo enciende: el corazón ya venía encendido de casa.

La prueba más asombrosa está en los trasplantes. Un corazón donado, separado de todos los nervios de su antiguo dueño, sigue latiendo por su cuenta en el pecho nuevo. Mientras le llegue oxígeno, mantiene el compás sin nadie que lo dirija.

Es lo más parecido que tienes a un motor con arranque propio: no necesita que nadie gire la llave.