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Idea · Del catálogo de Margen

No intentes calmarte

En Harvard, la investigadora Alison Wood Brooks hizo pasar a cientos de personas por tres tragos: cantar en un karaoke puntuado por la máquina, dar un discurso ante una cámara y hacer un examen de matemáticas contrarreloj. Antes de empezar, unos debían decirse en voz alta «estoy tranquilo»; otros, «estoy emocionado».

Ganaron los emocionados en las tres pruebas: cantaron mejor, convencieron más y puntuaron más alto.

La explicación es de mecánica emocional. La ansiedad y la ilusión son casi el mismo estado corporal: pulso alto, adrenalina, alerta. La calma, en cambio, queda lejísimos: pedirle al cuerpo que baje de revoluciones en plena subida es nadar contra corriente. Cambiar la etiqueta, y no la activación, es un paso corto: mismo motor, otra dirección. La ansiedad mira amenazas; la ilusión mira oportunidades.

Así que antes de la entrevista, la presentación o la llamada difícil, no pelees contra tu corazón acelerado: está haciendo su trabajo, que es traerte energía. Dilo en voz alta, aunque te sientas ridículo: «estoy emocionado; esto me importa». No es autoengaño. Es darle al mismo combustible un destino mejor.