
Durante años, cada vez que tecleabas esas palabras torcidas de un captcha no solo demostrabas ser humano: estabas transcribiendo libros y periódicos antiguos, palabra a palabra.
El sistema se llamaba reCAPTCHA y lo ideó Luis von Ahn en la Universidad Carnegie Mellon. La jugada era elegante: te mostraba dos palabras. Una la conocía el sistema y servía para verificarte. La otra venía de un texto escaneado que los programas de reconocimiento óptico no lograban descifrar. Al escribirla, millones de personas resolvían, sin saberlo, lo que las máquinas no podían.
Un estudio publicado en la revista Science en 2008 documentó el invento: con este método se transcribieron los archivos históricos de The New York Times y montañas de libros antiguos. Miles de millones de pequeños favores anónimos, de diez segundos cada uno.
Fuente: Science (2008)