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Idea · Del catálogo de Margen

Tu email al casero no cuenta como prueba; el burofax sí

Escribes al casero que la caldera lleva tres semanas rota. Lo lee y no contesta. Si esto acaba en un juzgado, tú llevarás capturas y él llevará otra versión de lo que pusiste.

El burofax existe justo para ese hueco. Es un envío de Correos, la empresa pública postal, que certifica tres cosas a la vez: qué texto mandaste, a quién y qué día. Un correo normal prueba, como mucho, que enviaste algo; el burofax prueba el contenido, y esa diferencia es la que un juzgado da por buena.

Cómo se manda, en cuatro pasos:

1. Escribe el texto en una hoja: fecha, tu nombre y DNI, los del destinatario, el hecho concreto y qué pides, siempre con un plazo («reparar la caldera en siete días naturales»).

2. Ve a una oficina de Correos, o entra en su web con certificado digital, y pide burofax con copia certificada y acuse de recibo. Sin esas dos casillas marcadas pagas un fax caro que no prueba nada.

3. Guarda el resguardo y, días después, descarga o recoge la copia sellada. Esa copia es la prueba; el resguardo, no.

4. Cuenta el plazo desde la fecha del acuse, no desde la del envío.

Sale entre 25 y 40 euros según las páginas y el destino: menos que una hora de abogado. Y antes de entregarlo, añade al texto una última línea: «Quedo a la espera de respuesta escrita dentro del plazo indicado».