
Durante mucho tiempo se enseñó que el apéndice era un resto inútil de la evolución, un pequeño saco sin función que solo daba problemas cuando se infectaba.
En 2007, unos investigadores propusieron otra idea: el apéndice funcionaría como un refugio seguro para las bacterias beneficiosas del intestino. Cuando una infección o una diarrea fuerte vacía y arrasa la flora intestinal, ese pequeño reservorio ayudaría a repoblarla después con bacterias buenas guardadas a salvo.
No es una función imprescindible: quien pierde el apéndice vive con total normalidad. Pero la idea cambia el relato: puede que ese órgano al que llamábamos inútil llevara todo el tiempo cumpliendo una tarea discreta.
Fuente: Universidad Duke (Duke University)