
Sin la teoría de la relatividad, el GPS acumularía un error de unos diez kilómetros al día. Tu mapa funciona porque alguien corrigió el propio tiempo.
Los satélites GPS llevan relojes atómicos, y esos relojes no marchan al mismo ritmo que los de la Tierra. Einstein explicó por qué: a veinte mil kilómetros de altura la gravedad es más débil, así que el tiempo corre un poco más deprisa; a la vez, los satélites se mueven tan rápido que el tiempo se les frena un poco. El balance neto: sus relojes adelantan unos 38 microsegundos al día.
Parece nada, pero el GPS calcula tu posición cronometrando señales con precisión de nanosegundos. Sin corregir ese desfase, el error crecería kilómetros cada día y el sistema sería inútil en horas. Por eso los relojes se ajustan antes del lanzamiento. Cada vez que tu móvil te sitúa en el mapa, la física más abstracta del siglo XX está trabajando para ti.
Fuente: American Physical Society