
El de arriba se mudó hace un año y, desde entonces, no he oído ni un solo paso. Pero todas las noches, a las tres, alguien arrastra una silla justo encima de mi cama.
Ayer subí a preguntar. La puerta seguía precintada con cinta de la policía: el inquilino anterior había muerto dentro, y desde entonces nadie había vuelto a alquilarlo.
Esa noche, a las tres, volví a oír la silla. Y, por primera vez, también oí cómo alguien se sentaba.