No somos lo que guardamos, sino lo que nos negamos a tirar. Ahí está el verdadero retrato.
Las casas mienten como los currículums: enseñan lo elegido. Pero abre un cajón cualquiera —el de los cables sin aparato, el de las llaves sin puerta, el de la carta a medio contestar— y tendrás una biografía más honesta que cualquier confesión.
Dime qué conservas por si acaso y te diré de qué tienes miedo.