Microrrelato · Del catálogo de Margen
Fermín cobra ochenta al mes por no tocar la moto

—Ha vuelto —dice Fermín sin levantar la cabeza del carburador que está desmontando—. La suya está donde la dejamos.
—Sigue arrancando peor —dice Nadia.
—Sigue arrancando peor.
Nadia deja el sobre en el banco de la puerta. Ochenta euros.
—Este mes cambio los cables.
—Los cambiaste en marzo.
—Este mes los cambio otra vez.
Fermín se limpia las manos con un trapo. Mira al fondo del taller. La moto está allí, cubierta con una lona que no ha movido nadie desde 2022. Debajo, la Bultaco Sherpa que Marcos, el marido de Nadia, dejó a medio afinar el jueves anterior al accidente. Cuando Nadia vino aquel septiembre, dijo: «no la vendo, no la desguazo, no la tocas». Fermín contestó: «vale, ochenta al mes por dejarla como está».
—¿Qué tal los alumnos?
—Los de segundo no aprenden a la primera. Los de cuarto disimulan mejor.
—Ya.
—Fermín.
—Diga.
—Un día tendré que sacarla de aquí.
—Un día.
Nadia se marcha. Fermín levanta la lona, gira medio milímetro la llave del contacto y la vuelve a dejar donde estaba. La luz roja del cuentakilómetros parpadea dos veces. La próxima le miro los frenos, piensa.