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Curiosidad · Del catálogo de Margen

En 1994 dieron azúcar a 48 niños y no pasó nada

1995. La revista JAMA publica una revisión de veintitrés estudios controlados sobre azúcar y conducta infantil. Conclusión: el azúcar no altera el comportamiento ni el rendimiento cognitivo de los niños, tampoco el de los que sus familias describen como especialmente sensibles.

1994. Un equipo dirigido por Mark Wolraich reparte tres dietas de tres semanas entre 48 niños —25 preescolares y 23 escolares señalados en casa como azúcar-sensibles—, sin que ni las familias ni los investigadores supieran cuál tocaba cada vez. Una llevaba azúcar; las otras dos, edulcorantes. Nadie supo distinguirlas.

1994, unos meses antes. Daniel Hoover y Richard Milich hacen el experimento que explica todo lo demás: a un grupo de madres les dicen que su hijo acaba de tomar una bebida cargada de azúcar. Es mentira; todos los niños han tomado edulcorante. Esas madres puntúan a sus hijos como más hiperactivos que las demás y, grabadas en vídeo, los critican más, los vigilan de más cerca y les hablan más.

1973. El alergólogo Benjamin Feingold propone en California una dieta contra la hiperactividad quitando colorantes, conservantes y salicilatos. El azúcar no estaba en su lista. Se coló en la versión popular y ahí sigue.

Al azúcar se le conocen efectos de sobra en los dientes y en el peso. En la conducta, tras veintitrés estudios y tres décadas, no se le ha encontrado ninguno.