En octubre de 1582, en varios países de Europa, quien se acostó el jueves 4 se despertó el viernes 15. Diez días se borraron del calendario de un solo salto.
No fue un error, sino una corrección. El viejo calendario juliano calculaba el año un poco más largo de lo real, y con los siglos ese pequeño desfase había acumulado diez días de retraso respecto al ritmo de las estaciones. El papa Gregorio XIII impulsó un nuevo calendario, el gregoriano, que usamos hoy, y para reajustar las fechas hubo que suprimir esos días.
No todos los países lo adoptaron a la vez. Algunos tardaron siglos, así que durante mucho tiempo dos lugares podían vivir el mismo instante con fechas distintas en el papel.
Fuente: Royal Museums Greenwich