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Curiosidad · Del catálogo de Margen

El azul que costaba más que el oro

Durante siglos, el color más caro de la paleta no fue el dorado: fue un azul. El ultramar se fabricaba moliendo lapislázuli, una piedra que solo se extraía en unas minas remotas de Afganistán y viajaba «más allá del mar» —de ahí su nombre— hasta los talleres europeos.

Llegó a valer más que el oro a igual peso. Por eso los contratos de la época lo regulaban por escrito: cuántos gramos, de qué calidad y en qué figura podía usarse. Normalmente se reservaba para lo más sagrado, como el manto de la Virgen.

Vermeer, en cambio, lo derrochaba: lo escondía incluso bajo otras capas de pintura para que la luz vibrara distinto, un lujo que ayuda a explicar las deudas que dejó al morir.

En 1826 un químico francés logró sintetizarlo y el precio se desplomó. Hoy cualquier tubo de azul lleva dentro lo que antes era un privilegio de reyes.