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Curiosidad · Del catálogo de Margen

Crujirse los dedos no tiene nada que ver con la artritis

Doscientas quince personas de entre 50 y 89 años pasaron en 2011 por la consulta del médico Kevin deWeber, en Pensilvania, para que les mirara las manos. Tenían artrosis el 18,1 % de los que se crujían los nudillos y el 21,5 % de los que no. Pero la prueba más terca es anterior y duró sesenta años.

Dos años antes, en 2009, un Ig Nobel de Medicina premiaba a Donald Unger, médico de California, por un experimento con un solo sujeto: él mismo.

Unger lo había publicado en 1998, en una carta a la revista Arthritis & Rheumatism. El diseño cabía en un párrafo: durante más de sesenta años se crujió los nudillos de la mano izquierda al menos dos veces al día —unos 36.500 crujidos— y no tocó jamás los de la derecha. Después comparó las dos manos. Eran indistinguibles.

Y todo por una frase de casa. Su madre y dos tías le habían asegurado de niño que si seguía haciéndolo acabaría con las manos deformadas. Unger terminó la carta pidiendo por escrito que alguien revisara ahora el resto de los consejos de su madre.