
El coste hundido es simple de decir y difícil de aplicar: el dinero o el tiempo que ya se fue no vuelve, y por tanto no cuenta en la decisión de ahora. Un experimento pequeño lo hace visible. En 1985, Arkes y Blumer, dos psicólogos de la Universidad de Ohio, vendieron abonos a la temporada de teatro. A un tercio de los compradores les cobraron el precio entero (15 dólares). A otro tercio les hicieron un 47 % de descuento. Al último tercio, un 100 %. Después contaron cuántas obras iba a ver cada uno. Los del descuento y los del gratis fueron a menos obras que los que pagaron el precio entero. La única diferencia estaba en la cabeza: los que pagaron más se sentían obligados a aprovecharlo.
Tres pasos para no caer en el mismo cepo:
1. Anota en una línea qué te queda por gastar (dinero, tiempo, energía) si sigues.
2. Haz esta pregunta al futuro: «Si me lo estuvieran ofreciendo hoy por primera vez, a este precio y con lo que ya sé, ¿lo cogería?».
3. Si la respuesta es no, no sigues. El dinero ya gastado no se salva siguiendo: se pierde dos veces.
Sirve para gimnasios que no pisas, series de nueve temporadas, cursos empezados en marzo y proyectos que ya no ilusionan a nadie.