
Con apenas doce años, Mary Anning desenterró en los acantilados de Inglaterra el primer esqueleto completo de un ictiosaurio: un reptil marino gigante de hace 200 millones de años. Después encontró el primer plesiosaurio.
Sus hallazgos ayudaron a demostrar que en el pasado se habían extinguido especies enteras, una idea revolucionaria para 1820. Pero la Sociedad Geológica de Londres no admitía mujeres: otros firmaban los estudios sobre sus fósiles, y casi siempre olvidaban su nombre.
Hoy muchos de aquellos esqueletos siguen en los museos. Por fin, con el suyo al lado.