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Curiosidad · Del catálogo de Margen

Bajar las escaleras te deja peor que subirlas

Bajas cuatro pisos a pie el sábado y el lunes te duelen los cuádriceps más que si hubieras subido los cuatro. No es mala suerte. Al bajar, el músculo frena tu peso mientras se está alargando, y esa forma de trabajar, que los fisiólogos llaman contracción excéntrica, es la que rompe fibras.

Lo que notas al día siguiente tiene nombre técnico, dolor muscular de aparición tardía, y tres rasgos que lo delatan. Aparece entre doce y veinticuatro horas después del esfuerzo, no durante. Pica más fuerte hacia las cuarenta y ocho. Y se va solo en tres o cuatro días sin que hagas nada.

El ácido láctico no pinta nada ahí, y los cristalitos de azúcar en el músculo no existen. El lactato que produces al esforzarte se aclara de la sangre en menos de una hora, mucho antes de que empiece a dolerte. Lo que hay dentro son microrroturas en las fibras y la inflamación que viene detrás a repararlas. Theodore Hough ya lo describió así en 1902, en un laboratorio de Massachusetts, con un ergógrafo, un aparato de manivela para medir la fatiga, y unos cuantos voluntarios con el dedo dolorido.

De ahí sale el remedio que sí funciona, y es contraintuitivo: repetir. Si vuelves a hacer ese mismo ejercicio dentro de una semana dolerá bastante menos, y a la tercera casi nada, porque el músculo refuerza lo que se le rompió. Los fisiólogos lo llaman efecto de la carga repetida y la protección dura semanas.