
Se llama punto Nemo y es el lugar del océano más alejado de cualquier costa. Está en el Pacífico Sur, y la isla más cercana —un islote deshabitado— queda a unos 2.688 kilómetros en cualquier dirección. Para hacerse una idea: es como estar en Madrid y que la tierra firme más próxima estuviera más allá de Estocolmo.
La Estación Espacial Internacional orbita a unos 400 kilómetros de altura. Así que cuando sobrevuela la zona, los astronautas son, literalmente, los seres humanos más cercanos a ese punto.
Las agencias espaciales lo saben y lo aprovechan: esa región se usa como «cementerio de naves». Cientos de satélites y estaciones, incluida la mítica Mir, han sido dirigidos allí para caer sin riesgo para nadie.
Nemo, en latín, significa «nadie». Nunca un nombre estuvo mejor puesto.