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Microrrelato · Del catálogo de Margen

La llave pequeña

En mi llavero hay una llave pequeña que no abre nada. Estaba ya cuando alquilé el piso, y sospecho que antes estuvo en otros llaveros: tiene el latón gastado por dedos que no son los míos.

Probé cerraduras, candados, buzones. El armario del contador. La taquilla de la piscina. El cajón del trastero que nunca fue mío. Nada.

Un día, por ordenar, la saqué del aro y la dejé en la lata de la cocina, con los botones sueltos y las pilas gastadas.

Esa noche la casa crujió distinto. No mucho: como cruje una conversación cuando entra alguien que conoce el final. El grifo goteó con un ritmo que parecía aprendido de memoria. Y el pasillo, lo juro, se hizo más largo: lo medí con los pies y salieron trece pasos donde siempre hubo doce.

Por la mañana volví a ponerla en el aro, entre la del portal y la del buzón. El pasillo recuperó sus doce pasos. El grifo calló.

No sé qué cierra esa llave. Solo sé que, mientras la lleve encima, sigue cerrado.