
La primera webcam de la historia no retransmitía nada importante: enfocaba una cafetera, para que los informáticos de la Universidad de Cambridge no subieran las escaleras en vano.
La cafetera estaba en un pasillo del laboratorio de computación, junto a la llamada Trojan Room. En 1991, dos investigadores hartos de encontrar la jarra vacía apuntaron una cámara al aparato y compartieron la imagen en la red interna: tres fotogramas por minuto, en blanco y negro. En 1993, cuando nació la web tal y como la conocemos, la conectaron a internet. Se convirtió en la primera webcam del mundo.
Millones de personas de todo el planeta acabaron consultando aquella cafetera. Cuando la apagaron definitivamente en 2001, la jarra se subastó y un medio alemán pagó 3.350 libras por ella. La reliquia más absurda y entrañable de internet.
Fuente: BBC