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Curiosidad · Del catálogo de Margen

Más lenta que una pirámide de Egipto

La Gran Pirámide de Guiza —2,3 millones de bloques, 146 metros— se levantó para el faraón Keops en unos veinte años, según coinciden los egiptólogos a partir de los grafitos de las cuadrillas de obreros y del diario de un capataz hallado junto al mar Rojo.

La primera piedra de la Sagrada Família se puso en 1882. Antoni Gaudí asumió el encargo un año después, a los 31, y le dedicó el resto de su vida sabiendo que no la vería acabada. Cuando alguien le reprochaba la lentitud, contestaba: «Mi cliente no tiene prisa». Su cliente, aclaraba, era Dios.

La cuenta impresiona: más de 140 años de obras, unas siete veces lo que tardó la pirámide, con hormigón, grúas y ordenadores de por medio. Pero la diferencia no es de músculo, sino de método: Keops disponía de un Estado entero volcado en su tumba; la basílica ha vivido siempre de donativos, y en 1936 un incendio en el taller de Gaudí destruyó buena parte de sus planos y maquetas, que hubo que reconstruir pieza a pieza.

Veinte años bastaron para la eternidad de un faraón. Siglo y medio no ha bastado, de momento, para la paciencia de un arquitecto.