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Idea · Del catálogo de Margen

Prueba a quitar antes de añadir

Investigadores de la Universidad de Virginia pidieron a cientos de personas que mejoraran cosas: una construcción de Lego, un ensayo, un itinerario de viaje, una receta. El patrón fue siempre el mismo: la inmensa mayoría mejoraba añadiendo —piezas, párrafos, paradas, ingredientes—. Casi nadie probaba a quitar algo, ni siquiera cuando quitar era más rápido, más barato y objetivamente mejor.

No es pereza: es un punto ciego. Ante un problema, la mente genera primero soluciones aditivas; las sustractivas muchas veces ni llegan a considerarse. Por eso las agendas se llenan, las casas se abarrotan, los textos engordan y las normas se acumulan sin que nadie las haya elegido de verdad.

El antídoto es convertir la resta en pregunta obligatoria. Antes de mejorar algo —un texto, una rutina, un proyecto, una presentación— pregúntate primero: ¿qué puedo eliminar? Y solo después, ¿qué puedo añadir?

Muchas veces la respuesta seguirá siendo añadir. Pero cuando la solución está en quitar, suele ser la más elegante de todas. Menos piezas, menos pasos, menos ruido: más margen.