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Microrrelato · Del catálogo de Margen

Lo de siempre

Se mudó al barrio un lunes por la tarde. El martes por la mañana bajó a por pan y la panadera no le dejó hablar: «Ya está aquí», dijo hacia el obrador, y le tendió una barra y dos cruasanes envueltos. «Lo de siempre». Él pagó sin corregirla, por timidez, y decidió que lo confundía con otro.

Pero el jueves el del quiosco le guardó «su» revista. El viernes, la camarera del bar le trajo el cortado sin preguntar: «Corto de café, como a ti te gusta». Y en la carnicería tenían apartado un encargo con su nombre bien escrito, con las dos erres.

El sábado reunió valor y se lo preguntó a la panadera: que desde cuándo, exactamente, era él cliente de la casa. Ella se rio mientras envolvía la barra. —Ay, hijo. De toda la vida. Venías de la mano de tu abuela. —Mi abuela nunca vivió aquí —dijo él—. Yo no había pisado este barrio. La panadera le puso el paquete en las manos con una paciencia antigua. —Eso también lo dices siempre.